Limones con sal gruesa


La vieja casa de adobe con olor a humo; los patos que nadaban en el canal cristalino rodeado de flores y pastizales verdes de afuera de la casa, los pequeños patitos amarillos que despavoridos corrían detrás de su madre, cuando yo sigilosamente los ahuyentaba para ver como corrían; las gallinas gruesas que deambulaban esperando el "mai, mai, mai" de la tía Norma, cuando las llamaba a ellas y a sus pollitos a comer; el olor del maíz machacado sobre la tosca mesa de madera que servia para todo; la harina tostada con hielos grandes, que nos esperaba después de ir a buscar mora; el pan amasado grande que en la mayoría de las ocasiones estaba hecho con huevos de casa; mi mamá siempre ahí, acompañándome.

Esto es parte de mis mas lindos recuerdos de infancia. Peñuelas; localidad rural de Linares cuna de mi familia paterna. Durante un tiempo cada verano muy temprano partíamos de San Jose hacia la estación de trenes de Santiago. Una vez ahí, tomábamos el tren que en cinco horas nos llevaría hasta Linares. De ahí, después de pasar donde la tía Ines, tomábamos una vieja micro empolvada; entre gallinas, chanchos y agradable gente de campo, emprendíamos rumbo a Peñuelas. Al llegar, casi siempre nos esperaba Juanito, quien con mucha simpatía nos ayudaba a bajar los bolsos. La micro nos dejaba frente a la casa, exactamente frente al portón grande de madera que me encantaba abrir.
Lo pasaba tan bien... era feliz con solo pisar esas tierras. La remolacha, el campo, jugar naipes, el agua de noria y el limón. Nunca me voy a olvidar del limón que estaba detrás de la casa a un costado del gallinero. Daba unos limones grandes, bien amarillos, con una cascara gruesa que escondía el fruto exquisito . Los comía con sal gruesa que la tía tenia en su cocina. Cada vez que nos tocaba dejar esa entrañable casa y regresar a Santiago, sacaba unos cuantos antes de despedirme del tío Juan, quien me daba su manos áspera y cálida. Con varios limones en el bolso le daba la mano a mi mamá que en su cara demostraba estar siempre contenta de acompañarme.

Hoy no se si mi mamá lo pasaba tan bien como yo en el campo, la verdad lo dudo, hoy que entiendo que la vida es mas que comer grandes limones con sal gruesa.Estoy casi seguro que ella no lo pasaba bien, pero ahí estaba acompañándome.

Si me dieran a elegir, preferiria seguir comiendo limones con sal gruesa en compañía de mi mamá.

¿Reality o realidad?

Columna de Cristián Warnken.

Sin duda increíblemente cierto, léanlo y comenten.

Todo tiende a convertirse poco a poco en un reality . Primero fue la vida privada de jóvenes ansiosos de ser voyerizados. Los pioneros fueron los artistas de la fama. Los han seguido los políticos (ellos también convertidos hace tiempo ya en artistas de la fama), algunos militares, y ahora hasta a la historia de Chile se la quiere convertir en reality . Dentro de poco no quedará realidad, sino puro reality . Sí, porque éste no es la realidad, aunque quiera suplantarla o hacerse pasar por ella. El reality es el reflejo de un deseo profundo y ahora desbocado de hacer pública y visible la intimidad, la privacidad, lo que normalmente el hombre ha luchado por preservar de toda forma de espionaje o control. Ahora todo quiere ser "visto", mostrado, y estamos a pasos del asesinato definitivo del misterio y del pudor. Cuando el reality se haya apoderado de la realidad, muy pocos serán los que hayan preservado su intimidad y secretos intactos. La realidad colectiva será un gran festín narcisista en que nos devoraremos unos a otros, las imágenes proyectadas en el gran espejo narcisista de la Nada.
Pero el reality es sólo la punta del iceberg de una transformación mucho más radical, que terminará por modificar el paisaje humano más que cuanto el calentamiento global modificará el paisaje de la Tierra.
Me imagino la siguiente Utopía feroz: los últimos defensores de su propia intimidad huyendo de las ciudades y refugiándose lejos del alcance de las cámaras. Personas sin correo electrónico, no adscritas a Facebook, sin celular, desaparecidas para un mundo saturado de imágenes, mensajes de texto, reality sin fin. Ellos serán los "marginales" de La Gran Copucha cósmica a la que quedará reducido el mundo, el gran Ahora en que todos estaremos conectados al mismo tiempo, espiando por los millones de ojos virtuales disponibles las conversaciones más confidenciales, las idas al baño de los ídolos, los juegos íntimos bajo las sábanas de submentales convertidos de la noche a la mañana en referentes nacionales (e internacionales).
Ellos -los que se resistirán a estar "conectados" y en un reality - serán la última reserva de misterio y silencio. A ellos iremos a buscar cuando nos demos cuenta, tarde, de que hemos perdido el Aquí. Ese que -según los grandes sabios de todas las tradiciones- es el gran tesoro del hombre y su permanente conquista interior. Sí, porque el Ahora devorará el Aquí. Hoy ya podemos tener un primer atisbo de esto cuando el ringtone del celular interrumpe la conversación que estamos teniendo con alguien en ese instante. Cuando lo contestamos, hemos sacrificado un "aquí" por un "ahora" con alguien que está en otro lugar. ¿Por qué ese "aquí", único e irrepetible, debe ceder paso a la llamada invasiva, muchas veces sin importancia? El celular, que debiera ser un magnífico medio para comunicar urgencias, se ha transformado en nuestro carcelero al que pagamos una vez al mes elevadas cuentas para que nos quite la libertad de vivir con el tiempo y la pausa que se merecen los "aquí" de cada día.
El reality es el gran Auschwitz del Aquí. Hoy ya nadie quiere estar aquí, a solas, sin los ojos de millones de voyeristas en las espaldas. Mentes y espíritus fragmentados, en constante y compulsivo zapping de todo están creando una realidad fragmentada, de yuxtaposiciones vertiginosas. ¿No llegaremos al punto de tener algún día que pagar por silencio, por espacios de intimidad? ¿Habrá islas donde no llegarán las cámaras, los celulares, internet, los satélites que quieren saberlo todo para controlarlo todo?
Esto que comenzó con la estupidez colectiva de jóvenes iletrados y narcisistas puede terminar en la devastación de la realidad. ¿Es que no han comenzado siempre así las grandes pesadillas de la historia?
Estamos a pasos del asesinato definitivo del misterio y del pudor... ¿Es que no han comenzado siempre así las grandes pesadillas de la historia?

El árbol seco


(A A. Tarkovski)
Un monje veía desde su ermita, en la cima de la colina más próxima, un árbol seco. Desde que llegó a ese lugar, lo primero que capturó su atención fue ese árbol como dejado de la mano de Dios, seco entre hermosos árboles encendidos en el otoño, cargados de hojas de la más variada gama de ocres, amarillos, rojos.

Pero no eran esos árboles florecidos, sino el irrecuperable árbol seco lo que echaba raíces en el corazón del monje. Lo miró tantas veces con tristeza, después de cada oración, y lo que al comienzo sólo era una distracción de sus arduas tareas habituales se transformó en una obsesión. Soñó varias veces con él: en uno de los sueños, se veía a sí mismo cuando niño, corriendo alrededor del árbol. Una noche vio en sueños al niño -él mismo- abrazar al árbol, y al árbol florecer en pleno otoño.

Al día siguiente, el monje pidió permiso a su superior para ir a regar el árbol seco. El superior era un hombre de edad, silencioso, taciturno; en su frente se notaban las marcas de tantos años de privación, oraciones y sequedad espiritual. Lo miró severamente y le dijo: "Ese árbol está definitivamente muerto, ya sería hora de que lo cortáramos para convertirlo en leña para el próximo invierno".

El monje le rogó que no lo hiciera. Le dijo que él estaba seguro de que podría hacerlo florecer si era constante en el riego, si sostenía su fe en su resurrección. El superior sonrió irónicamente y le dijo que había dentro del monasterio otras tareas más urgentes que la de regar un árbol seco, sin esperanzas. El monje tuvo que aceptar con resignación las implacables y duras palabras de su superior. En el invierno, inesperadamente, el superior enfermó gravemente y falleció en medio de dolores y una honda crisis de fe. Fue un duro golpe para todos: el anciano se llevaba a la tumba los secretos del arte de sobrevivir en las duras inclemencias de la vida monacal.

El nuevo superior tardó en llegar: era el tiempo de las iglesias vacías, de la crisis de vocaciones; la Iglesia, como un inmenso barco de quilla gastada por el mar, debía navegar en medio de implacables tempestades y muchas veces estaba a punto de zozobrar y hundirse, llevada al fondo de sí misma por su propio peso. Pero se sostenía como un barco ebrio, buscando un rumbo seguro en medio de la tormenta final.

Entonces, el monje decidió una mañana subir su primer cubo de agua a la cima del monte, para regar el árbol seco. Cuando vertió el agua por primera vez, sintió una paz y alegría inesperadas -como nunca había sentido en esos años de retiro-. Esa noche, el niño de sus sueños vino a abrazarlo, inundándolo de un gozo inefable.

Todos los días, todos los años, contra toda lógica, el monje fue subiendo los cubos de agua a la cima del monte, a pesar de las burlas de sus propios compañeros, que lo apodaban "el monje seco". Tal vez era el último en ese monasterio, en la Iglesia y en el mundo que todavía creía en que esos milagros eran posibles, contra toda evidencia. Por eso, una mañana, el esperado milagro se hizo realidad: el monje se dio cuenta de que por la noche las ramas secas habían florecido. Nadie se enteró de ese milagro, porque ya nadie miraba al árbol seco, ni él se lo contó a nadie.

Afortunadamente, el hecho no apareció en los diarios, no se transformó la colina en lugar de peregrinación, nadie instaló una ermita ni cobró entrada para ir a ver al árbol milagroso. Era un buen secreto guardado entre el monje y Dios, tal vez el último milagro, que yo ahora cuento, porque el hombre de nuestros tiempos ya dejó de creer en la fuerza de la fe, que antes movió montañas. Andrei, el monje, ya no existe, y con él tal vez se fue el último hombre de Occidente que creyó de verdad. Sólo un inmenso milagro podría salvarnos de nuestra razón devastadora y autónoma, que ha terminado por convertir la tierra en un desierto que avanza a la velocidad de la luz.

¿C de cambios o de continuidad?

 

Hoy fue un día raro mas que especial. Creo que algo se transforma en especial cuando es grato y la palabra grato de ninguna manera expresa lo que paso hoy. Uno de mis amigos, decidió “dar un paso al costado” como se dice. Paso al costado que viene bien en septiembre mes en el que muchos por ahí, andan aprendiendo el baile nacional  y le han dedicado algo de tiempo a eso de : “paso cruzado y paso al lado”. Bueno, mas allá de esas cosas jocosas que de seguro muchos no entenderán; dar un paso al costado, puede ser tomado de varias formas y en el caso de este paso al costado, creo que amerita dar mas que palabras de buena crianza ya que es una decisión que rebela una gran nobleza.

Nobleza porque es difícil dejar algo o alguien cuando la decisión de dejar nos daña y nos pone en demasía nostálgicos. Se que en el caso de mi amigo, este paso traerá mas de algún dolor en el corazón (que pentecostal sonó eso), es difícil despegarse de lo que se acostumbra a hacer. Durante 16 años este hombre hizo casi lo mismo. Hoy eso ya no es mas. Por mucho que digamos no importa seguirás siendo parte de esto, ambos sabemos que no es así. un-paso

Por este gesto de nobleza, quiero agradecerte amigo. Gracias por no pensar tanto en ti y extrañamente enseñarnos a nosotros que justamente haciendo lo contrario a lo que tu hiciste estábamos siguiendo de alguna manera tus pasos.

Ahora bien, este “paso al costado” (dale con lo mismo), significara ¿cambios o solo continuidad? habrá creo yo que clarificar cuales son esos cambios que queremos y cual es la continuidad que sin quererla quizás se necesita.

Perdón todos aquellos que leerán este desorden de ideas, si no fui claro, se que escribí casi en clave, pero es lo que hay.

Cuanta Necesidad

Hoy fue un día bastante extraño.

Primero, mi animo no es el mejor y no se hasta cuando seguiré con este bajón anímico, estado que no es común en mi pero que como cualquier persona de vez en vez hay que tenerlos. Como dijo el gran Martín Luther King Jr; " Todas las crisis tienen sus peligros y sus oportunidades", espero reconocer las oportunidades que esta crisis tiene para mi. Dios me ayude.

Bueno, lo medular en este escrito, es lo que viví hoy en mi trabajo. Al llegar me encontré con una de mis alumnas sufriendo un crisis epiléptica. Mientras eso ocurría, otra de mis alumnas se desmayaba en el baño de damas, debido a una crisis nerviosa. Al ir a verla me encontré con la terrible y alarmante sorpresa que por la mañana se había auto inferido cortes en una de sus muñecas. Eso me termino de despertar y a mi espíritu también.

Cuanta necesidad... recuerdo las palabras de Jesús y sus lágrimas cuando vio la situación espiritual de la sociedad en la que a él le toco vivir. Cuando ya terminaba mi jornada, llamo la mamá de otro de los alumnos, para contarme casi entre lágrimas que su hijo ya no tiene motivaciones, no quiere estudiar, debido a los múltiples problemas familiares que ha tenido. Me decía que que su hijo necesitaba urgente ayuda. Me pregunto y hoy desesperadamente le pido a mi Dios, ¿Que puedo hacer yo? ¿En que soy útil?. Y creo sentir su respuesta .

Hoy más que nunca me doy cuenta de que Dios nos pone en el lugar que el considera oportuno para quienes a pesar de todos nuestros errores y contradicciones queremos servir. Quiero hacer algo por mis alumnos, quiero hacer algo por esta generación de la que soy parte, quiero ayudar en algo. Sin dudas la palabra que mas se repitió en esta entrada es necesidad, y eso es lo que veo en mi entorno, necesidades que solo pueden ser suplidas por Dios.


"Jesús en medio de una sociedad tan necesitada de ti, solo me queda orar mi única arma es esta. Mi fe en ti, mi fe en tu amor. Cada día veo jóvenes que sufren, que cometen errores, producto de su soledad. Que parecen independientes pero que dan gritos sin palabras pidiendo ayuda, clamando por atención. Jesús si en algo puedo contribuir, no dudes en tomarme en cuenta, aquí estoy, para hacer tu voluntad"

Asi ni quiero decir AMEN!!!

Tome esta fabula del blog de un amigo , y les juro (chuta deberas que yo no debe jurar) que me gusta mucho y tiene mucho que decirnos.

"Camino a la iglesia iba una bandada de gansos domesticados. Todas las semanas llegaban contoneándose y escuchaban al ganso-pastor hablar acerca de la maravilla que era poder volar. "No necesitamos caminar y quedarnos sobre el suelo y quedarnos en este lugar", los exhortaba el ganso-pastor. "Podemos levantarnos en el aire y volar hacia regiones distantes, hacia climas más benignos !Podemos volar!" y luego de escuchar el hermoso sermón cada semana los gansos-hermanos graznaban: "!Amén!" y luego enfilaban todos hacia la puerta y caminaban contoneándose hasta su casa para ir a ocuparse de sus cosas. Todo lo que necesitaban hacer era agitar sus alas".


Soren Kierkegaard (adaptación)

Me aterra seguir creciendo, a pesar de tener casi 29 años (no quiero decir 30 y tampoco quiero utilizar la palabra envejecer, mejor hablo de crecer ... que paranoico jaja) y me aterra, no por sentirme viejo, sino por perder mis ideales, dejar que mis sueños se diluyan y acostumbrarme al sistema. Asi no quiero decir amen. Jesus sabe que es mi mayor temor.

Creo que muchos gansos que hoy solo dicen amen, antes fueron jovenes llenos de sueños e ideales, jovenes con ganas y con la conviccion de afectar a su generacion. ¿Que los hizo perder la pasion? no lo se, solo les pido que oren por mi como yo lo hago por todos ustedes soñadores rebeldes.

Dios permite que nunca se apague esta llama que me quema y que estoy seguro que a ustedes tambien.

Escribir, mi desahogo






Estos son algunos escritos mios. Hay momentos en que las estructuras de todo tipo no nos permiten ser libres. En mi caso por lo menos es asi. Esta es mi forma de desahogarme, de ser libre, sin tener que dar explicaciones.

" Escribir es un desahogo. si alguien quiere leer acerca de mi libertad, bien. Si no, bien tambien, soy libre" Yo.






Sangre en la pared


Hay sangre en la pared. La pared de maciza que tanto me gustaba.

Dicen que nos tenemos que ir, que ya no se puede vivir aquí.

Preferiría quedarme, aunque todo siga igual. Quedarme con mis botellas y mis palomas.



Zapatos


Ahí están los zapatos mirándose cara a cara, frente a frente. Los hay de distintas clases, estilos y otras cosas más. Se miran se observan. No dicen palabra. Cada uno tiene una historia diferente, viene de un lugar distinto. Algunos están tristes, otros muy alegres ya que se mueven todo el rato. Quizás no se mueven de contentos. Zapatos negros, rojos, de cuero , lona, goma, plástico. Por mucho que sean de tan variada calidad, tienen la misma razón de existir, son zapatos. Y tienen que viajar juntos, les guste o no.

Se escucha que llegamos a la estación, todos los zapatos deben bajar. Se miran por ultima vez y bajan.

¿Dónde van?... quizás. De seguro, por ahí sin mirase se vuelvan a encontrar.


Edipo


Le debo tanto. Quizás soy Edipo.

Uno no enfermizo. Mas bien normal.

Dios quiera que nunca me falte.

Si me falta, me enfermo.