IN MEMORIA DE LUCIA SOTO ARAVENA

“Imítenme a mí, como yo imito a Cristo”

1° Corintios 11:1



Este muy breve escrito busca rendir un homenaje a la existencia de una mujer que decidió vivir su vida entera rendida al Señor. Su ejemplo lleva la marca de una persona verdaderamente transformada por la belleza y realidad del amor de Dios, cosa que por si sola la transforma en inspiración para muchas personas.

Lucia nació el lunes 13 de diciembre de 1965 en una pequeña casa en la Población Pedro Aguirre Cerda de Puente Alto, siendo la séptima de ocho hermanos. Sus padres fueron Luis y Alicia, con quienes desarrollo, al igual que con sus hermanos una relación muy estrecha, caracterizada por las celebraciones y juntas familiares, que hasta el día de hoy la familia realiza.  

Su historia con Dios y la Iglesia comienza desde muy pequeña, cuando junto a sus hermanos fue invitada a la Iglesia Pentecostal Unida para participar de la “Escuelita Dominical”, corría el año 1970 aproximadamente y las hermanas Juanita y Deidamia, a quienes siempre recordaba, la encaminaron en el seguimiento de Jesús, que al corto tiempo se transformaría en la pasión de su vida. Así siendo una niña de 14 años, pero con convicciones fuertes, acepta el evangelio y se compromete a servirle en la  Iglesia Voz en el Desierto de la Villa Los Aromos Puente Alto.

La hermana Lucy, como cuenta su familia, siempre se mostró inquieta respecto a servir a los demás, especialmente a quienes cargaban con enfermedades y especialmente a los ancianos. 
Ella misma sufrió con enfermedades desde niña. A los cinco años le diagnosticaron una desconocida enfermedad para esa época; la celiaquía. Con mucho esfuerzo su familia y especialmente su madre, hacia lo posible por atender su régimen. Por lo mismo, viajaba regularmente, en principio con su mamá y después sola, a buscar la leche que gentilmente una enfermera del Hospital Calvo Mackenna le daba, y con la que Alicia le preparaba pan especial. Ahí comenzó a familiarizarse con la realidad de los hospitales, y especialmente con las necesidades de los enfermos.
A lo largo de su vida fue operada cinco veces. Quienes la conocimos sabemos que esta debilidad física nunca la hizo evidente, ni la uso como excusa para no cumplir con el Propósito que Dios tenia para ella. Al poco salir de la enseñanza media otra vez su vida se unía a la de los enfermos, trabajando en el Hospital Salvador, donde atendía a personas que padecían tuberculosis, con quienes genero una especial relación, aceptándoles las atenciones que en agradecimiento estos le hacían, esto a pesar de las posibilidades de contagio. Como era de esperarse, se infecto de tuberculosis la que le fue tratada con rapidez, causándole  problemas menores. 

Otra de sus pasiones, y algo que personalmente llamo mi atención cuando la conocí, era su deseo de aprender. Estudiaba la Biblia con mucha pasión, así como cualquier otra lectura que le colaborará en comprenderla mejor. Fue una gran y querida maestra de mujeres, señoritas, jóvenes y niños. 

Sirvió a muchos ancianos hasta cuando su salud se lo permitió, entre las que están sus queridas maestras de la Escuela Dominical que la iniciaron en el caminar cristiano.  Atenderlos en todas sus necesidades, esas que el resto desconocía, era su preocupación. Se refería a ellos  como sus niños. Mientras pudo siempre les regalo una experiencia feliz. Muchas veces recibió un trato injusto a la labor que realizaba, sin embargo nunca dejo de hacerlo. Era aquello  que sabía Dios le había entregado para hacer y por lo tanto lo hacia con amor.  Su sueño, que ahora esta vivo en nosotros su Iglesia, era tener una casa de acogida, donde todas las personas necesitadas, especialmente los ancianos, fuesen atendidos en amor.

Miguel su esposo a quien siempre decía haber amado desde el primer día que lo vio, junto a sus hijos Bastian y su esposa Carina,  Lucas y Caroline, como sus nietos Benjamín, Grace y Anaís, tuvieron siempre un lugar muy especial en su vida. De sus propias palabras escuchamos en muchas oportunidades, que eran un regalo de Dios, cuando recordaba que debido a sus continuos problemas de salud no podía tener hijos, por  esta misma razón, los disfruto siempre. Cultivo una relación de amor con Miguel que personalmente es un verdadero ejemplo de entrega y amor. 

El año 2012 se le diagnostico un cáncer que la acompañaría hasta el final de su caminar en esta tierra, enfermedad que enfrento con el apoyo de su familia,  partiendo por sus esposo e hijos, además del acompañamiento y ayuda maravillosa de las familias Soto y Ureta, para quienes siempre tenia palabras de agradecimiento. 
Hace un poco mas de tres meses justamente nos compartía en Vertikal que su fe seguía intacta, se aferraba a la esperanza que desde siempre tuvo en Cristo, quien -como ella decía—la amo por pura Gracia, y de quien dependía su vida.

La vida de nuestra querida hermana Lucia es de pura inspiración para esta Iglesia, sabemos que su legado continua y que la esperanza que tenemos en Cristo, nos asegura que algún día, por su sacrificio, nos volveremos a encontrar no tan solo con ella, sin con todos quienes amaron y aman su venida (2° Timoteo 4:8) .

¡Hasta pronto hermana Lucy, gracias por tanto!


“NO HAY MONTAÑA TAN ALTA QUE NO PUEDA ESCALAR Y MIRAR LO QUE ESTA AL OTRO LADO, ESTOY SEGURA QUE ES ALGO MARAVILLOSO.”
Lucia Soto el 17 de Diciembre de 2013.


Lucia Soto Aravena
1965 –2014


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